La fibra de vidrio la usamos habitualmente en los composites. Es un gran refuerzo y el más económico a gran escala. Pero ¿la utilizamos correctamente? Vamos a verlo
La fibra de vidrio se compone de varios óxidos metálicos, como la sílice, la alúmina, la cal, el magnesio, principalmente. Son por tanto óxidos minerales, inorgánicos, por tanto, totalmente diferentes a las resinas, que son totalmente orgánicas a las que se quiere reforzar. ¿Cómo será posible unir dos productos tan diferentes, uno orgánico y otro inorgánico? La solución viene de la química. Se fabrican unos complejos químicos, concretamente órgano – silanos, que lo hacen posible. Son puentes de unión entre la parte orgánica y la inorgánica. Se les conoce como “ensimaje“ o “sizing“.
Pero además se fabrican especialmente para adaptarse a las diferentes resinas: Poliamidas, Policarbonatos, Epoxy, Vinilester, etc. Digamos que pueden ser ensimajes a la carta.
Una fibra de vidrio se compone de multifilamentos, variando desde 6 a 19 micras los más gruesos.
Los filamentos unitarios no se pueden manejar y se unen entre sí, por medio del ensimaje, para formar los hilos de base, que los podemos manejar.
Los hilos, que los hay de varios grosores o títulos, se enrollan en cops, bobinas, se tejen, se cortan, se muelen y se fabrican Mat o fieltros.
La fibra de vidrio es frágil al roce y se rompe. Evitemos superficies rugosas. Es además muy sensible a la humedad. Guardémosla siempre dentro de sus bolsas plásticas. Si toman humedad, se paralizará la reacción con la resina. La fibra de vidrio ha de protegerse de la humedad y de temperaturas extremas, porque su ensimaje podrá degradarse. La fibra de vidrio no se queja, pero sufre. Tratémosla con delicadeza y nos dará muchas satisfacciones